jueves, 29 de octubre de 2026

Solo brasilera



Nota de Diego Valeriano en Panamá Revista

A ninguno de los candidatos a presidente que nos vamos a tener que fumar el año que viene le falta un dedo. Ni sus hijos tienen amigos que hacen Rappi, ni amigas manicuras que hacen uñas soft gel a domicilio. Ninguno conoce a alguien que se endeudó con Mercado Pago para pagar el alquiler o que apenas llega a pagar el mínimo de la tarjeta. Ninguno come mila de pollo con fideos tres veces por semana.

A algunos les gusta decir que se hicieron desde abajo, pero su abajo no es tan abajo. No es nuestro abajo. Algún abuelo que bajó de los barcos, alguna adolescencia sin lujos, algún verano en Gesell, algún trabajo temporario mientras estaba en la facultad, no mucho más. No mucho menos.

A ninguno le cerró el taller donde trabajaba dos meses antes de Navidad, ni se tuvo que tragar el odio frente al jefe, ni bajó la app para sumar otro ingreso. No saben qué es Marketplace, ni la calle Avellaneda, ni lo que sale el kilo de cobre. Nunca repartieron volantes disfrazados de empanada. Ni sufrieron un accidente laboral, ni le tuvieron que decir a la pareja que se quedaron sin trabajo, ni se alegraron con el aguinaldo de la manera que nos alegramos nosotros, ni se frustraron porque la caja navideña era un descanso. Nunca fueron a paritarias, o sí, pero de otra manera. Ninguno estuvo afiliado a un sindicato privado, aunque viven en los mismos barrios que algunos sindicalistas.

Algunos de los candidatos aman a Lula, otros ya no, algunos nunca, algunos de nuevo. Todos copian, explican, repiten y llaman al sobrino que hace de asesor para que arme grupos de wasap como en Brasil. Todos se parecen un poco a Grobocopatel hijo. Heredan, opinan, se muestran. Ninguno entiende. Tuitean, streamean, se sacan fotos, pero no entienden porque no parece necesario entender. No aprenden porque tampoco parece necesario hacerlo.

Ninguno tiene esa aura, más bien todo lo contrario. Nadie tiene esa trayectoria, más bien todo lo contrario. Ni esa épica para lograr semejante remontada. Todos son un meme, un chiste, una lágrima. Todos nos dan vergüenza. Ajena, propia, inmensa. Por votarlos, por el hecho de que nos gobiernen, cuando visitan otros países, cuando me los cruzo scrolleando, cuando un extranjero me pregunta por la política de acá, cuando flashean soberanía, cuando juega la selección. Cuando se empachan de tanta batalla cultural. Vergüenza ex marido de Pampita, vergüenza Moreno, vergüenza Trebucq, vergüenza yo retuiteando todo. Ninguno entusiasma, solo nos enojan, frustran, decepcionan. No hacen política, solo perfo y negocios.

Ninguno tiene a André Janones entre sus filas, pero van a tener malos imitadores, comedores de billetera, nenazos territorio que hablan con la verdad. Uno que tiene una granja de trolls, otro que maneja la feria de Solano, una que sabe cómo convocar a las disidencias sin espantar a los chabones. Un pastor que jura manejar a todos los templos de la zona sur hasta La Plata, uno que clipea las notas que le hace otro que stremea.

Nuestro próximo presidente puede ser un representante de las mineras, un cipayo, el mismo roto de ahora, un outsider millonario, un abogado, otra abogada, una que supo dar la vida por Perón, un agente chino, alguien que represente la continuidad del modelo, un hijo, Peter Thiel, Corina Machado o Galperin, pero no va a ser un laburante. Casi que no lo vamos a querer votar y nos va a dar mucha vergüenza.

Ninguno me va a dar alegría si gana. Por ahí, alivio, desazón, odio, euforia pasajera, pasión vengadora, tristeza, pero no alegría. La alegría es solo brasilera. (29-10-26).

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