En el marco de la 415º colación de grados de la Universidad Nacional del Sur, la vicedirectora de Humanidades, Mariela Rígano, brindó un discurso en el que hizo una enfática defensa de la universidad pública en un contexto de fuerte discusión sobre su financiamiento y su rol social.
Ante graduados, autoridades y la comunidad educativa, planteó que egresar hoy implica no solo un logro individual, sino también un compromiso colectivo con el conocimiento, la democracia y la construcción de una sociedad más justa.
A continuación, su alocución completa:
"Una colación de grado suele pensarse como un cierre, pero en el contexto que atravesamos este acto se vuelve una afirmación colectiva sobre el valor de la Universidad Pública, sobre su presente y sobre todo sobre su porvenir. Porque no estamos en un tiempo cualquiera, estamos en un momento en el que la Universidad, su sentido, su función y su legitimidad están siendo discutidos, tensionados y en algunos casos directamente puestos en cuestión.
"Por eso esta ceremonia es muy significativa para toda nuestra comunidad y trasciende la celebración individual de cada una y cada uno de ustedes. Esta colación es por lo tanto un acto político en el sentido más amplio y más profundo del término, un acto que afirma un modo de entender el conocimiento, la formación y la vida común. Graduarse hoy en una Universidad Pública Argentina no es únicamente haber cumplido con un plan de estudios, es haber transitado una experiencia sostenida por una institución que se construye colectivamente, se financia solidariamente y que apuesta aún en condiciones adversas por la producción y transmisión de saberes como un bien público.
"Por eso cada título que hoy se entrega es también la expresión de una trama colectiva, no hay logro individual por fuera de las condiciones que lo hacen posible. Y es por esto mismo que este acto de colación da cuenta de que la Universidad Pública, aún en contextos de ajuste y cuestionamiento, sigue funcionando porque hay una comunidad que la sostiene, la trabaja y la defiende. Para quienes hoy egresan este momento es una transformación en la relación con el saber, el trabajo y nuestra comunidad.
"Lo que se pone en juego a partir de aquí no es sólo un conjunto de saberes adquiridos sino una forma de relación con el mundo, una manera de leerlo, de cuestionarlo y de intervenir en él. Y eso implica una responsabilidad que excede ampliamente lo individual, una responsabilidad con otros, con la comunidad, con las condiciones en las que el mismo mundo se organiza. Porque intervenir en el mundo también es hacerse cargo de su transformación, de la necesidad urgente de construir condiciones más justas, donde la dignidad, los derechos y las oportunidades no sean una excepción sino un horizonte común.
En un tiempo en que la descalificación reemplaza el argumento, en el que la provocación se confunde con la política y la crueldad se vuelve espectáculo, la Universidad Pública insiste en algo que resulta profundamente incómodo: la necesidad de pensar, pensar críticamente, pensar incluso aquello que no se deja reducir a consignas ni a gestos de fuerza. Frente a la simplificación, a la bravuconada y a la banalización de lo complejo, esa insistencia no es menor, es una forma de sostener con dificultad pero también con convicción las condiciones mismas de la vida democrática. Por eso este acto es también una afirmación: la afirmación de que la Universidad Pública no es negociable ni ajustable en nombre de ningún equilibrio fiscal.
"Frente a políticas que la desfinancian y buscan reducir su alcance, es necesario decir con claridad que la Universidad Pública no es un gasto, sino una inversión social. Hay que decir también que la Universidad Pública no es un privilegio, sino un derecho, y no es un espacio accesorio, sino una institución central en la producción de conocimiento, en la formación de profesionales y en la configuración de las condiciones en que la vida misma puede sostenerse. Sabemos, sin embargo, que esta afirmación no se ratifica por sí sola.
"La Universidad Pública atraviesa hoy tensiones concretas, presupuestarias, institucionales y también simbólicas. No se trata únicamente de restricciones materiales, sino de disputas más profundas sobre su sentido, su alcance y su legitimidad. Y esas disputas tienen efectos directos en las condiciones de enseñanza, en la investigación, en la extensión y en el trabajo cotidiano que la hace posible.
"Pero hay otra dimensión que no puede quedar opacada cuando estamos ante un acto de colación. Las desigualdades que atraviesan hoy nuestra sociedad atraviesan también a nuestra universidad. No todos llegan en las mismas condiciones, no todos pueden sostener las mismas trayectorias, no todos egresan.
"Por eso, cada graduación no es sólo un logro, es también un indicador. Señala tanto lo que la universidad hace posible como aquello que aún queda por transformar. Interroga sus propios límites, sus condiciones de acceso, de permanencia y de egreso.
"Y en ese punto, nuestra tarea es clara: no consiste en administrar esas desigualdades, sino en intervenir sobre las condiciones que las producen, sostener el ingreso, acompañar las trayectorias, garantizar que estudiar no sea un privilegio de quienes pueden hacerlo sin trabajar, sin endeudarse o sin interrumpir sus vidas. Nuestra tarea es, en definitiva, ampliar las condiciones reales, no sólo formales, de acceso y permanencia.
"El ejercicio profesional se inscribe hoy en un escenario atravesado por transformaciones profundas y por disputas concretas sobre el sentido del conocimiento, su valor y su uso. No se trata sólo de cambios tecnológicos o culturales, sino de un contexto en el que se intenta subordinar el saber a la lógica del rendimiento, la utilidad inmediata y el interés individual. En ese marco, la formación universitaria no es neutral, define una posición frente a esas disputas, porque el ejercicio de cualquier profesión implica tomar decisiones que tienen consecuencias materiales sobre otros y otras: en cómo se distribuyen los recursos, en qué problemas se consideran relevantes, en qué vidas se vuelven visibles y cuáles quedan relegadas.
"Por eso no alcanza con la eficacia ni con el beneficio individual. Lo que está en juego es cómo esas prácticas se inscriben en lo común y qué tipo de condiciones contribuyen a sostener o a deteriorar. La universidad pública no forma sólo profesionales, forma ciudadanos y ciudadanas, y esa formación implica una dimensión ética y política que no puede ser delegada.
"No se trata de imponer una forma de pensar, sino de habilitar la capacidad de pensar con otros y otras, de reconocer la existencia de lo común, de asumir que nuestras acciones tienen consecuencias más allá de nosotros y nosotras mismas. Como docente formada en el campo de las letras, me interesa pensar la universidad como un tejido, como un texto: una trama construida con múltiples hilos, saberes, disciplinas, trayectorias, historias de vida.
"Cada egresado y egresada es un hilo que se proyecta más allá de esta institución y continúa esa trama en otros espacios. La pregunta entonces no es menor: ¿cómo van a tejer? ¿Qué vínculos van a construir? ¿Qué mundos van a contribuir a crear? Porque en definitiva de eso se trata: de la capacidad de imaginar y construir mundos más justos, más habitables, más dignos. Y esa capacidad no es abstracta, se ejerce en lo cotidiano, en las decisiones concretas, en las prácticas profesionales, en los modos de vincularse con otros y otras.
"En un contexto cruel, la universidad pública sigue apostando por la cooperación, por el trabajo colectivo, y esa apuesta no es ingenua: es profundamente política y también profundamente necesaria. Hoy entonces no celebramos sólo los logros de cada uno y cada una de ustedes, celebramos también la persistencia de una idea: la idea de que el conocimiento importa, de que la educación transforma, de que lo público tiene valor. Y al mismo tiempo asumimos que esa idea no está garantizada, que requiere ser sostenida, defendida y recreada.
"Quisiera cerrar entonces pidiéndoles a ustedes, que encarnan nuestro futuro, que este título sea un compromiso con el pensamiento, con el trabajo y con una sociedad que necesita hoy más que nunca profesionales capaces de intervenir con responsabilidad, con criterio y con sentido colectivo. Que el título que hoy reciben no sea un punto de llegada, sino un punto de partida, y que lo que hoy se celebra aquí no se detenga en ustedes, sino que se proyecte en otros y otras, en otros espacios y en otras vidas.
"Y finalmente quiero decirle a quienes egresan que les doy mis más sinceras felicitaciones y también mi reconocimiento por haber elegido y sostenido el camino de la educación pública".