jueves, 22 de octubre de 2026

París, Milán, Villa Elvira



Nota de Diego Valeriano en Panamá Revista

No somos París, ni Milán, menos Albania. No saqueamos tiendas de lujo, no quemamos la Corte Suprema, ni explotamos todo por el aire. Somos más de estallar para adentro, del estallido del yo. Nos autosaqueamos, nos autoexplotamos, estamos autoquemados. Le saqueamos tiempo a nuestro día intentando salvarnos. Y salvarnos cada día es menos, es poco, no alcanza. Ya no entramos en provocaciones; entramos a los mensajes de Instagram a ver si la publi del taller tiene alguna consulta, algún anotado. Entramos a Mercado Pago a ver si nos transfirieron lo que nos deben del asado del otro día. Entramos a la SUBE a ver si de pedo hay saldo.

Conozco a un empleado que está muerto de pena y, cuando sale del laburo, hace Uber. Y cuando sale de Uber, hace reparto nocturno de Mercado Libre. Sabe que esto no puede seguir así. “Esto tiene que cambiar”, me dice sin mirarme por el espejito; no me lo dice a mí, solamente lo dice. ¿El gobierno?, ¿el sistema?, ¿el régimen laboral? No, la cantidad de horas que tiene un día, la cantidad de días que tiene un mes, la imposibilidad de hacer dos laburos a la vez. Más horas en el día, menos días en el mes. Esa es la consigna.

Me saqueo, entro a casa, busco eso que no uso tanto, lo subo a Marketplace, alguien se contacta, me la juego, voy. Me quedan pocas cosas. Tal vez tenga suerte y pierda antes de desvalijarme del todo a mí mismo. Sentado en el Roca me estallo; no es nada y es todo. Parado me estallo más. El viejo de al lado mirando TikTok con el volumen a todo lo que da, el gil que no le da el asiento a la embarazada, lo que demora en Quilmes. Sube mi odio contra ellos y contra mí. La vendedora de chipá, uno que canta, mis voces internas. Me estallo, me quemo, me saqueo, me duelen los pies.

No hay enfrentamientos épicos con la policía como en Milán, apenas un policía de la bonaerense que hace Moto DiDi y me lleva a la estación porque el bondi me dejó a gamba y si pierdo el tren pierdo el presentismo. Me pierdo, me saqueo, me estallo, me agarro del policía para no caerme. La Pantera Rosa no es performática como en París, acá vende garrapiñadas en el semáforo de 7 y 96 de Villa Elvira. La policía no retrocede como en Albania, en CABA avanza contra los vendedores de paltas.

No politizamos el malestar, lo aceleramos. Somos aceleracionistas de un yo precarizado. Malestizamos el aceleracionismo. Precarizamos el malestar. Peor no podemos estar. ¿O sí? Pastillas, escabio, falopa. ¿Más obvio puedo ser? Potenciamos lo mal que vivimos, el garrón cotidiano, actualizamos el teléfono, borramos otra app a ver si no nos cobran la deuda y aceleramos un salto a un vacío que está lleno de nosotros.

Automeado, autoreprimido, autoprecarizado. Denunciamos infiltrados en las marchas, mientras tenemos infiltrado nuestro estado de ánimo. Soy mi propio jefe, voy a paritarias, no hay acuerdo. Un esfuerzo más me pido. Me puteo, me doy ánimo, me entiendo. Un esfuerzo más, me desgarro. Autosaqueados, autoquemados, autoestallados, somos scrolleadores de un mundo que explota desde un mundo que ya estalló. (22-10-26).

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